La palabra estrés se utiliza con tanta frecuencia en nuestros estilos de vida modernos y acelerados que a veces es difícil imaginarse una vida sin algún nivel de estrés. La transformación fisiológica que tiene lugar en nuestro organismo es herencia de nuestro pasado evolutivo. Si el cuerpo se veía obligado a prepararse para la huída o la lucha, la adrenalina se bombeaba a todo el cuerpo para estar preparado para huir a gran velocidad o defender nuestro territorio. Esta es una respuesta extremadamente útil para huir de los tigres, pero no los es tanto cuando estamos discutiendo presupuestos con nuestro jefe o temblamos de nervios antes de hablar en público.
El cuerpo se adapta dentro de ciertos límites a niveles relativamente bajos de estrés y uno de los problemas es que no podemos saber cuán estresados estamos. La temperatura de la piel es un indicador bastante fiable del estrés, dado que la sangre se retira de zonas no esenciales como la piel, para alimentar los músculos, causando una bajada de la temperatura de la piel. Ya hemos hablado de la testosterona, que funciona un poco como el sistema de la cisterna de un inodoro. Cuando la testosterona alcanza un cierto nivel, cesa la producción de la hormona por un tiempo, del mismo modo en que el agua fluye hasta llenar la cisterna. Cuando los niveles de caen se reinicia la producción. De este modo se mantiene un nivel constante.
Existen sensores en nuestro cerebro que registran los niveles bajos y se liberan hormonas que orden reiniciar la producción. Los mecanismos en si en nuestro cerebro son mucho más complejos que el sistema de la cisterna. Lo que realmente sucede es que los niveles de testosterona varían según la hora del día, la época del año y la edad. Independientemente de esto, existe un nivel deseado que está predeterminado. Cuando estamos estresados producimos otras dos hormonas que afectan a nuestros niveles de testosterona, una es la prolactina y las otras son las DHEAS. La prolactina provoca una mayor producción de DHEAS que se convierte a través de la testosterona y también hace que nuestras células absorban más testosterona y DHT.
Aunque la producción de testosterona por las vías normales permanece estable, existe otra vía que no cuenta con el mecanismo de ‘cisterna’ por lo que los niveles siguen aumentando y las células se vuelven más eficaces en su uso de las hormonas. La única manera de frenar la producción es hacer que el cuerpo y la mente actúen como si hubiera desaparecido el estrés.
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